martes, 31 de julio de 2007
*Todo tiene un comienzo*
todo tiene un comienzo y un final y tu puedes elegir cual seria el comienzo y cual el final, pero si quieres entender mejor haz click aquí y así elijiras tu camino....
Pero si eres más aventurero comienza por cualquiera de estos vínculos
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posted by Petra at 23:16 | Permalink | 0 comments
*Mapa*

Una representación gráfica y métrica de una porción de territorio sobre una superficie bidimensional, generalmente plana, pero que puede ser también esférica como ocurre en los globos terráqueos. El que el mapa tenga propiedades métricas significa que ha de ser posible tomar medidas de distancias, ángulos o superficies sobre él y obtener un resultado aproximadamente exacto.
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*Sentidos*


.Son la comunicación con el mundo real y nos guian en cuanto lo que nos rodea, recibiendo y procesando información.

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*Distancia*
Es una magnitud escalar que mide la relación de lejanía entre dos puntos Distancia = Velocidad/Tiempo

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*Velocidad*
es la magnitud que expresa la variación de posición de un objeto en función de la distancia recorrida en la unidad de tiempo.

Velocidad = Distancia / Tiempo

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*Holocubierta*
"Hacer que las creaciones digitales tengan la apariencia explorable y extensible del mundo real"




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*Usuario*
Protagonista que interactua directamente con el producto final de diferentes maneras tanto como le permita el producto, en un contexto determinado generandose una relación principal entre: atrás

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posted by Petra at 23:11 | Permalink | 0 comments
*Ordenador*


Es un sistema digital con tecnología microelectrónica, capaz de procesar datos a partir de un grupo de instrucciones denominado programa. La estructura básica de una computadora incluye microprocesador (CPU), memoria y dispositivos de entrada/salida (E/S), junto a los buses que permiten la comunicación entre ellos. En resumen la computadora es una dualidad entre hardware (parte física) tales como: la pantalla, el teclado o el disco duro y software (parte lógica), que interactúan entre sí para una determinada función.
La característica principal que la distingue de otros dispositivos similares, como una calculadora no programable, es que puede realizar tareas muy diversas cargando distintos programas en la memoria para que el procesador los ejecute.
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posted by Petra at 23:10 | Permalink | 0 comments
*Si una noche de invierno un viajero*
Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en senguida, a los demás: "¡No, no quiero ver la televisión!" Alza la voz, si no te oyen: "¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!" Quizás no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: "¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Italo Calvino!" O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.
Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de costado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamanca si tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte boca abajo, en postura yoga. Con el libro invertido, claro.
La verdad, no se logra encontrar la postura ideal para leer. Antaño se leía de pie, ante un atril. Se estaba acostumbrado a permanecer en pie. Se descansaba así cuando se estaba cansado de montar a caballo. A caballo de nadie se le ha ocurrido nunca leer; y sin embargo ahora la idea de leer en el arzón, el libro colocado sobre las crines del caballo, acaso colgado de las orejas del caballo mediante una guarnición especial, te parece atrayente. Con los pies en los estribos se debería estar muy cómodo para leer; tener los pies en alto es la primera condición para disfrutar de la lectura.
Bueno, ¿a qué esperas? Extiende las piernas, alarga también los pies sobre un cojín, sobre dos cojines, sobre los brazos del sofá, sobre las orejas del sillón, sobre la mesita de té, sobre el escritorio, sobre el pieno, sobre el globo terráqueo. Quítate los zapatos, primero. Si quieres tener los pies en alto, si no, vuélvetelos a poner. Y ahora no te quedes ahí con los zapatos en una mano y el libro en la otra.
Regula la luz de modo que no te fatigue la vista. Hazlo ahora, porque en cuanto te hayas sumido en la lectura ya no habrá forma de moverte. Haz de modo que la página no quede en sombra, un adensarse de letras negras sobre un fondo gris, uniformes como un tropel de ratones; pero ten cuidado de que no le caiga encima una luz demasiado fuerte y que no se refleje sobre la cruda blancura del papel royendo las sombras de los caracteres como en un mediodía del Sur. Trata de prever ahora todo lo que pueda evitarte interrumpir la lectura. Los cigarrillos al alcance de la mano, si fumas, el cenicero. ¿Qué falta aún? ¿Tienes que hacer pis? Bueno, tú sabrás.

(Así empieza Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino)

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posted by Petra at 22:54 | Permalink | 0 comments
lunes, 30 de julio de 2007
*Interacción e inmersión*
"En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro y los días de turbio en turbio; y así del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentos y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que (...) le pareció convenible y necesario (..) hacerse caballero andante e irse con us armas y caballo, a buscar las aventuras."
(Don Quijote de la Mancha)
En este pequeño texto se explica hacia donde y en función de que el espacio digital va evolucionando, con el fin de confundir propiamente al usuario, involucrandolo en un mundo virtual y haciéndolo completamente real para el interviniendo en los sentidos con al tecnología que cada día avanza más, involucrandolo más con un espacio en el que el usuario tiene plena libertad de elegir en el mundo fantástico, sumergirlo con una intensidad tal que el mundo a su alrededor desaparece.
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posted by Petra at 10:20 | Permalink | 0 comments
*En la narrativa, lector como autor, lector como protagonista*
Narraciones escritas mediante hipertexto, es decir compuestas por un conjunto de fragmentos de texto relacionados entre sí por enlaces, se caracterizan por no tener un único camino establecido por el autor, sino que da a la lector la capacidad de elegir su camino entre varios posibles.
En ocasiones no tiene ni siquiera un principio establecido, casi nunca tiene final, las versiones más extremas, permiten al lector modificar la obra, o bien directamente colaborando con el autor original.
A los largo del siglo XX los autores literarios buscaron los modos de romper las limitaciones que imponía la tradición, eliminar al voz autorial, multiplicar las perspectivas, romper la sucesión cronológica del discurso, y también intentar acabar con los obstáculos que nacen del papel y al lectura en formato de libro.
Ejemplos:
-Rayuela, Julio Córtazar.
- El Jardín de los senderos que se bifurcan, Jorge Luis Borges.
- Si una noche de invierno un viajero, Italo Calvino.
- Cien mil millones de poemas de Raymond Queneau.
también aparecieron libros como los de - Elije tu propia aventura - o - libros juego- , en lo que la lectura se complementaba con otros elementos más propios de los juegos de mesa.
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*El jardín de los senderos que se bifurcan*
Jorge Luis Borges(1899–1986)
El jardín de senderos que se bifurcan
(1941;Ficciones, 1944)

En la página 242 de la Historia de la Guerrra Europea de Lidell Hart, se lee que una ofensiva de trece divisiones británicas (apoyadas por mil cuatrocientas piezas de artillería) contra la línea Serre-Montauban había sido planeada para el 24 de julio de 1916 y debió postergarse hasta la mañana del día 29. Las lluvias torrenciales (anota el capitán Lidell Hart) provocaron esa demora —nada significativa, por cierto.
La siguiente declaración, dictada, releída y firmada por el doctor Yu Tsun, antiguo catedrático de inglés en la Hochschule de Tsingtao, arroja una insospechada luz sobre el caso. Faltan las dos páginas iniciales. “... y colgué el tubo. Inmediatamente después, reconocí la voz que había contestado en alemán. Era la del capitán Richard Madden. Madden, en el departamento de Viktor Runeberg, quería decir el fin de nuestros afanes y —pero eso parecía muy secundario, o debería parecérmelo— también de nuestras vidas. Quería decir que Runeberg había sido arrestado o asesinado[1]. Antes que declinara el sol de ese día, yo correría la misma suerte. Madden era implacable. Mejor dicho, estaba obligado a ser implacable. Irlandés a las órdenes de Inglaterra, hombre acusado de tibieza y tal vez de traición ¿cómo no iba a brazar y agradecer este milagroso favor: el descubirmiento, la captura, quizá la muerte de dos agentes del Imperio Alemán? Subí a mi cuarto; absurdamente cerré la puerta con llave y me tiré de espaldas en la estrecha cama de hierro. En la ventana estaban los tejados de siempre y el sol nublado de las seis. Me pareció increíble que es día sin premoniciones ni símbolos fuera el de mi muerte implacable. A pesar de mi padre muerto, a pesar de haber sido un niño en un simétrico jardín de Hai Feng ¿yo, ahora, iba a morir? Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente me pasa me pasa a mí... El casi intolerable recuerdo del rostro acaballado de Madden abolió esas divagaciones. En mitad de mi odio y de mi terror (ahora no me importa hablar de terror: ahora que he burlado a Richard Madden, ahora que mi gasrganta anhela la cuerda) pensé que ese guerrero tumultuoso y sin duda feliz no sospechaba que yo poseía el Secreto. El nombre del preciso lugar del nuevo parque de artillería británico sobre el Ancre.Un pájaro rayó el cielo gris y ciegamente lo traduje en un aeroplano y a ese aeroplano en mucho (en el cielo francés) aniquilando el parque de artillería con bombas verticales. Si mi boca, antes que la dehiciera un balazo, pudiera gritar ese nombre de modo que los oyeran en Alemania... Mi voz humana era muy pobre. ¿Cómo hacerla llegar al oído del Jefe? Al oído de aquel hombre enfermo y odioso, que no sabía de Runeberg y de mí sino que estábamos en Staffordshire y que en vano esperaba noticias nuestras en su árida oficina de Berlín, examinando infinitamente periódicos... Dije en voz alta: Debo huir. Me incorporé sin ruido, en una inútil perfección de silencio, como si Madden ya estuviera acechándome. Algo -tal vez la mera ostentación de probar que mis recursos eran nulos—me hizo revisar mis bolsillos. Encontré lo que sabía que iba a encontrar. El reloj norteamericano, la cadena de níquel y la moneda cuadrangular, el llavero con las comprometedoras llaves inútiles del departamento de Runeberg, la libreta, un carta que resolví destruir inmediatamente (y que no destruí), el falso pasaporte, una corona, dos chelines y unos peniques, el lápiz rojo-azul, el pañuelo, el revólver con una bala. Absurdamente lo empuñé y sopesé para darme valor. Vagamente pensé que un pistoletazo puede oírse muy lejos. En diez minutos mi plan estaba maduro. La guía telefónica me dio el nombre de la única persona capaz de transmitir la noticia: viviía n un suburbio de Fenton, a menos de media hora de tren. Soy un hombre cobarde. Ahora lo digo, ahora que he llevado a término un plan que nadie no calificará de arriesgado. Yo sé que fue terrible su ejecución. No lo hice por Alemania, no. Nada me importa un país bárbaro, que me ha obligado a la abyección de ser un espía. Además, yo sé de un hombre de Inglaterra —un hombre modesto— que para mí no es menos que Goethe. Arriba de una hora no hablé con él, pero durante una hora fue Goethe... Lo hice, porque yosentía que el Jefe tenía en poco a los de mi raza -a los innumerables antepasados que confluyen en mí. Yo quería probarle que un amarillo podía salvar a sus ejércitos. Además, yo debía huir del capitán. Sus manos y su voz podían golpear en cualquier momento a mi puerta. Me vestí sin ruido, me dije adiós en el espejo, bajé, escudriñé la calle tranquila y salí. La estación no distaba mucho de casa, pero juzgué preferible tomar un coche. Argüí que así corría menos peligro de ser reconocido; el hecho es que en la calle desierta me sentía visible y vulnerable, infinitamente. Recurdo que le dije al cochero que se detuviera un poco antes de la entrada central. Bajé con lentitud voluntaria y casi penosa; iba a la aldea de Ashgove, pero saqué un pasaje para una estación más lejana. El tren salía dentro de muy pocos minutos, a las ocho y cincuenta. Me apresuré: el próximo saldría a las nueve y media. No había casi nadie en el andén. Recorrí los coches: recuerdo a unos labradores, una enlutada, un joven que leía con fervor los Anales de Tácito, un sodado herido y feliz. Los coches arrancaron al fin. Un hombre que reconocí corrió en vano hasta el límite del andén. Era el capitán Richard Madden. Aniquilado, trémulo, me encogí en la otra punta del sillón, lejos del temido cristal. De esa aniquilación pasé a una felicidad casi abyecta. Me dije que estaba empeñado mi duelo y que yo había ganado el primer asalto, al burlar, siquiera por cuarenta minutos, siquiera por un favor del azar, el ataque de mi adversario. Argüi que no era mínima, ya que sin esa diferencia preciosa que el horario de trenes me deparaba, yo estaría en la cárcel, o muerto. Argüí (no menos sofísticamente) que mi felicidad cobarde probaba que yo era hombre capaz de llevar a buen término la aventura. De esa debilidad saqué fuerzas que no me abandonaron. Preveo que el hombre se resignarña cada día a empresas más atroces; pronto no habrá sino guerreros y bandoleros; les doy este consejo: El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado. Así procedí yo, mentras mis ojos de hombre ya muerto registraban la fluencia de aquel día que era tal vez el último, y la difusión de la noche. El tren corría con dulzura, entre fresnos. Se detuvo, casi en medio del campo. Nadie gritó el nombre de la estación. ¿Ashgrove? les pregunté a unos chicos en el andén. Ashgrove, contestaron. Bajé. Una lámpara ilustraba el andén, pero las caras de los niños quedaban en la zona de la sombra. Uno me interrogó: ¿Usted va a casa del doctor Stephen Albert?. Sin aguardar contestación, otro dijo: La case queda lejos de aquí, pero usted no se perderá si toma ese camino a la izquierda y en cada encrucijada del camino dobla a la izquierda. Les arrojé una moneda (la última), bajé unos escalones de piedra y entré en el solitario camino. Éste, lentamente, bajaba. Era de tierra elemental, arriba se confundían las ramas, la luna baja y circular parecía acompañarme. Por un instante, pensé que Richard Madden había penetrado de algún modo mi desesperado propósito. Muy pronto comprendí que eeso era imposible. El consejo de siempre doblar a la izquierda me recordó que tal era el procedimiento común para descubrir el patio central de ciertos laberintos. Algo entiendo de laberintos: no en vano soy bisnieto de aquel Ts'ui Pên, que fue gobernador de Yunnan y que renunció al poder temporal para escribir una novela que fuera todavía más populosa que el Hung Lu Meng y para edificar un laberinto en el que se perdieran todos los hombres. Trece años dedicó a esas heterogéneas fatigas, pero la mano de un forastero lo asesinó y su novela era insensata y nadie encontró el laberinto. Bajo árboles ingleses medité en ese laberinto perdido: lo imaginé inviolado y perfecto en la cumbre secreta de una montaña, lo imaginé borrado por arrozales o debajo del agua, lo imaginé infinito, no ya de quioscos ochavados y de sendas que vuelven, sino de ríos y provincias y reinos... Pensé en un laberintode laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros. Absorto en esas ilusorias imágenes , olvidé mi destino de perseguido. Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo. El vago y vivo campo, la luna, los restos de la tarde, obraron en mí; asimismo el declive que eliminaba cualquier posibilidad de cansancio. La tarde era íntima, infinita.El camino bajaba y se bifurcaba, entre las ya confusas praderas. Una música aguda y como silábica se aproximaba y se alejaba en el vaivén del viento, empañada de hojas y de distancia. Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines,cursos de agua, ponientes. Llegué, así, a un alto portín herrumbrado. Entre las rejas descifré una alameda y una especie de pabellón. Comprendí, de pronto, dos cosas, la primera trivial, la segunda casi increíble: la música venía del pabellón, la música era china. Por eso, yo la había aceptado con plenitud, sin prestarle atención. No recuerdo si había una campana o un timbre o si llamé golpeando las manos. El chisporroteo de la música prosiguió. Pero del fondo de la íntima casa un farol se acercaba: un farol que rayaban y a ratos anulaban los troncos, un farol de papel, que tenía la forma de los tambores y el color de la luna. Lo traía un hombre alto. No vi su rostro, porque me cegaba la luz. Abrió el portón y dijo lentamente en mi idioma: —Veo que el piadoso Hsi P'êng se empeña en corregir mi soledad. ¿Usted sin duda querrá ver el jardín? Reconocí el nombre de uno e nuestros cónsules y repetí desconcertado: —¿El jardín? —El jardín de los senderos que se bifurcan- Algo se agitó en mi recuerdo y pronuncié con incomprensible seguridad: —El jardín e mi antepasado Ts'ui Pên. —¿Su antepasado? ¿Su ilustre antepasado? Adelante. El húmedo sendero zigzagueaba como los de mi infancia. Llegamos a una biblioteca de libros orientales y occidentales. Reconocí, encuadernados en seda amarilla, algunos tomos manuscritos de la Enciclopedia Perdida que dirigió el Tercer Emperador e la Dinastía Luminosa y que no se dio nunca a la imprenta. El disco del gramófono giraba junto a un fénix de bronce. Recuerdo también un jarrón de la familia rosa y otro, anterior de muchos siglos, de ese color azul que nuestros antepasados copiaron de los alfareros de Persia... Stephen Albert me observaba, sonriente. Era (ya lo dije) muy alto, de rasgos afilados, de ojos grises y barba gris. Algo de sacerdote había en él y también de marino; después me refirió que había sido misionero en Tientsin “antes de aspirar a sinólogo”. Nos sentamos; yo en un largo y bajo diván; él de espaldas a la ventana y a un alto reloj circular. Computé que antes de una hora no llegaría mi perseguidor, Richard Madden. Mi determinación irrevocable podía esperar. —Asombroso destino el de Ts'ui Pên —dijo Stephen Albert—. Gobernador de us provincia natal, docto en astronomía, en astrología y enm la interpretación infatigable de los libros canónicos, ajedrecista, famoso poeta y calígrafo: todo lo abandonó para componer un libro y un laberinto. Renunció a los placeres de la opresión, de la justicia, del numeroso lecho, de los banquetes y aun de la erudición y se enclaustró durante trece años en el Pabellón de la Límpida Soledad. A su muerte, los herederos no encontraron sino manuscritos caóticos. La familia, como acaso no ignora, quiso adjudicarlos al fuego; pero su albacea —un monje taoísta o budista— insistió en la publicación. —Los de la sangre de Ts'ui Pên -repliqué— seguimos execrando a ese moje. Esa publicación fue insensata. El libro es un acervo indeciso de borradores contradictorio. Lo he examinado alguna vez: en el tercer capítulo muere el héroe, en el cuarto está vivo. En cuanto a la otra empresa de Ts'ui Pên, a su Laberinto... —Aquí está el Laberinto -dijo indicándome un alto escritorio laqueado. —¡Un laberinto de marfil! -exclamé-. Un laberinto mínimo... —Un laberinto de símbolos -corrigió-. Un invisible laberinto de tiempo. A mí, bárbaro inglés, me ha sido deparado revelar ese misterio diáfano. Al cabo de más de cien años, los pormenores son irrecuperables, pero no es difícil conjeturar lo que sucedió. Ts'ui Pên diría una vez: Me retiro a escribir un libro. Y otra: Me retiro a construir un laberinto. Todos imaginaron dos obras; nadie pensó que libro y laberinto eran un solo objeto. El Pabellón de la Límpida Soledad se erguía en el centro de un jardín tal vez intrincado; el hecho puede haber sugerido a los hombres un laberinto físico. Ts'ui Pên murió; nadie, en las dilatadas tierras que fueron suyas, dio con el laberinto. Dos circunstancias me dieron la recta solución del problema. Una: la curiosa leyenda de que Ts'ui Pên se había propuesto un laberinto que fuera estrictamente infinito. Otra: un fragmento de una carta que descubrí. Albert se levantó. Me dio, por unos instantes, la espalda; abrió un cajón del áureo y renegrido escritorio. Volvió con un papel antes carmesí; ahora rosado y tenue y cuadriculado. Era justo el renombre caligráfico de Ts'ui Pên. Leí con incomprensión y fervor estas palabras que con minucioso pincel redactó un hombre de mi sangre: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Devolví en silencio la hoja. Albert prosiguió: —Antes de exhumar esta carta, yo me había preguntado de qué manera un libro puede ser infinito. No conjeturé otro procedimiento que el de un volumen cíclico, circular. Un volumen cuya última página fuera idéntica a la primera, con posibilidad de continuar indefinidamente. Recordé también esa noche que está en el centro de Las 1001 Noches, cuando la reina Shahrazad (por una mágica distracción del copista) se pone a referir textualmente la historia de Las 1001 Noches, con riesgo de llegar otra vez a la noche en que la refiere, y así hasta lo infinito. Imaginé también una obra platónica, hereditaria, transmitida de padre a hijo, en la que cada nuevo individuo agregara un capítulo o corrigiera con piadoso cuidado la página de sus mayores. Esas conjeturas me distrajeron; pero ninguna me parecía corresponder, siquiera de un modo remoto, a los contradictorios capítulos de Tsúi Pên. En esa perplejidad, me remitieron de Oxford el manuscrito que usted ha examinado.Me detuve, como es natural, en la frase: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Casi en el acto comprendí; el jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La relectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts'ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts'ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones.Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo. Si se resigna usted a mi pronunciación incurable, leeremos unas páginas. Su rostro, en el vívido círculo de la lámpara, era sin duda el de un anciano, pero con algo inquebrantable y aun inmortal. Leyó con lenta precisión dos redacciones de un mismo capítulo épico. En la primera un ejército marcha hacia una batalla a través de una montaña desierta; el horror de las piedras y de la sombra le hace menospreciar la vida y logra con facilidad la victoria; en la segunda, el mismo ejército atraviesa un palacio en el que hay una fiesta; la resplandeciente batalla le parece una continuación de la fiesta y logran la victoria. Yo oía con decente veneración esas viejas ficciones, acaso menos admirables que el hecho de que las hubiera ideado mi sangre y de que un hombre de un imperio remoto me las restituyera, en el curso de un desesperada aventura, en una isla occidental. Recuerdo las palabras finales, repetidas en cada redacción como un mandamiento secreto: Así combatieron los héroes, tranquilo eñ admirable corazón, violenta la espada, resignados a matar y morir. Desde ese instante, sentí a mi alrededor y en mi oscuro cuerpo una invisible, intangible pululación. No la pululación de los divergentes, paralelos y finalmente coalescentes ejércitos, sino una agitación más inaccesible, más íntima y que ellos de algún modo prefiguraban. Stephen Albert prosiguió: — No creo que su ilustre antepasado jugara ociosamente a las variaciones. No juzgo verosímil que sacrificara trece años a la infinita ejecución de un experimento retórico. En su país, la novela es un género subalterno; en aquel tiempo era un género despreciable. Ts'ui Pên fue un novelista genial, preo también fue un hombre de letras que sin duda no se consideró un mero novelista. El testimonio de sus contemporáneos proclama —y harto lo confirma su vida— sus aficiones metafísicas, místicas. La controversia filosófica usurpa buena parte de su novela. Sé que de todos los problemas, ninguno lo inquietó y lo trabajó como el abismal problema del tiempo. Ahora bien, ése es el único problema que no figura en las páginas del Jatdín. Ni siquiera usa la palabra que quiere decir tiempo. ¿Cómo se explica usted esa voluntaria omisión? Propuse varias soluciones; todas, insuficientes. Las discutimos; al fin, Stephen Albert me dijo: —En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez ¿cuál es la única palabra prohibida? Refelxioné un momento y repuse: —La palabra ajedrez. —Precisamente -dijo Albert-, El jardín de los senderos que se bifurcan es una enorme adivinanza, o parábola, cuyo tema es el espacio; esa causa recóndita le prohíbe la mención de su nombre. Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis evidentes, es quizá el modo más enfático de indicarla. Es el modo tortuoso que prefirió, en cadda uno de los meandros de su infatigable novela, el oblicuo Ts'ui Pên. He confrontado centenares de manuscritos, he corregido los errores que la negligencia de los copistas ha introducido, he conjeturado el plan de ese caos, he restablecido, he creído restablecer, el orden primordial, he traducido la obra entera: me consta que no emplea una sola vez la palabra tiempo. La explicación es obvia:El jardín de los senderos que se bifurcan es una imágen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts'ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas la posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravezar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma. —En todos —articulé no sin un temblor— yo agradezco y venero su recreación del jardín de Ts'ui Pên. —No en todos -murmuró con una sonrisa-. El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros. En uno de ellos soy su enemigo. Volví a sentir esa pululación de que hablé. Me pareció que el húmedo jardín que rodeaba la casa estaba saturado hasta lo infinito de invisbles personas. Esas personas eran Albert y yo, secretos, atareados y multiformes en otras dimensiones de tiempo. Alcé los ojos y la tenue pesadilla se disipó. En el amarillo y negro jardín había un solo hombre; pero ese hombre era fuerte como una estatua, pero ese hombre avanzaba por el sendero y era el capitán Richard Madden. —El porvenir ya existe —respondí—, pero yo soy su amigo. ¿Puedo examinar de nuevo la carta? Albert se levantó. Alto, abrió el cajón del alto escritorio; me dio por un momento la espalda. Yo había preparado el revólver. Disparé con sumo cuidado: Albert se desplomó sin una queja, inmediatamente. Yo juro que su muerte fue instantánea: una fulminación. Lo demás es irreal, insignificante. Madden irrumpió, me arrestó. He sido condenado a la horca. Abominablemente he vencido: he comunicado a Berlín el secreto nombre de la ciudad que deben atacar. Ayer la bombardearon; lo leí en los mismos periódicos que propusierona Inglaterra el enigma de que el sabio sinólogo Stephen Albert muriera asesinado por un desconocido, Yu Tsun. El Jefe ha descifrado ese enigma. Sabe que mi problema era indicar (a través del estrépito de la guerra) la ciudad que se llama Albert y que no hallé otro medio que matar a una persona con ese nombre. No sabe (nadie puede saber) mi innumerable contrición y cansancio.
[1] Hipótesis odiosa y estrafalaria. El espía prusiano Hans Rabener alias Viktor Runeberg agredió con una pistola automática al portador de la orde de arrestro, capitán Richard Madden. Éste, en defensa propia, le causó heridas que determinaron su muerte. (Nota del Editor.)

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*Ciudad*




En el siglo XIX la industrialización genera nuevos comportamientos y sociedades..........

La velocidad se incrementa, el caos florece y las distancias se agrandan.

Se generan sociedades complejas, urbanas, con un habitante individual.

Desde 1900, las migraciones de grupos rurales a la ciudad hace que esta se expanda por mayor población, cambian las tradiciones, comienza a existir una multietnicidad y multiculturalidad

"La ciudad crece y se retuerce como un gran pulpo absorbiendo al hombre en el proceso... Cada hombre dibuja su camino, el cual es un camino propio que ningún otro hombre caminaría con los mismos pies o vería con los mismos ojos. Las estructuras no lineales se trasladan a la mente humana convirtiéndose en parte de su diario acontecer".

Como método de lectura se integran los mapas y los trazos como guia del desplazamiento.


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*Entornos digitales*
"Una vez que dejamos de pensar en el ordenador como en un enlace telefónico multimedia, podemos identificar sus cuatro propiedades básicas, que separada y colectivamente lo convierten en un poderoso vehículo para la creación literaria"
1- Secuencial: Habilidad para ejecutar una sucesión de órdenes tan interpretativas del mundo que olvidamos que estamos interactuando con el ordenador.
2- Participativos: Hacer que el usuario se involucre de tal forma que según sus decisiones personales puede provocar ciertos comportamientos.
3- Espaciales: Poder de representar un espacio navegable, un espacio en el que el usuario es participe navegando en el.
4- Enciclopédicos: Almacenan mucha información y se conectan entre sí, permitiendo la capacidad de representar gran cantidad de información, por consiguiente la capacidad de ofrecer una gran riqueza de detalles
Generando así espacios interactivos e inmersivos cada vez más esperando en un futuro generar la Holocubierta.
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*Internet*

En agosto de 1962 Licklider propuso el concepto de red global, imaginando la posibilidad de conectar entre si, los ordenadores diseminados geográficamente, permitiendo el acceso rápido a los datos y a los programas residentes en cualquiera de ellos.

Este concepto fue llevado a cabo por Bob Taylor, quien estaba en ARPA (Advanced Reseach Proyects Agency), el concepto fue teniendo varias reformas hasta que se llevó a cabo en 1965 y fue llamado Arpanet. Aunque después de su inauguración estuvo en constante prueba y evolución hasta 1972, en donde se generó una evolución de la red llamada correo electrónico por Ray Tomlinson.

Así fue evolucionando y los usuarios iban en continuo aumento, utilizandose solamente como conexión entre los investigadores que se movían en el mundo de la informática.

En 1972, se fundó el international Working Group quienes heredaron Arpanet y se dedicaron a investigar el modo de comunicar entre sí redes basadas en tecnologías diferentes, para permitir acceder a la red a un número mucho mayor de usuarios .

En 1981 Nació la Computer Science Network (CSNET) que conectaba los departamentos de informática de todo el sistema académico, en 1983 se dividió en dos ramas, una militar y otra dedicada a la comunidad científica, avanzando constantemente en 1986, la velocidad se optimiza, y por varias iniciativas el número de Host experimenta un extraordinario aumento, y varias redes privadas se van conectando a Arpanet, mientras numerosos países occidentales van naciendo nuevas redes, y finalmente en 1989 la etapa de Arpanet ha concluido.

En 1991 se creó el Word Wide Web, como servidor que enviaba los documentos memorizados a todos aquellos que lo solicitaran, y el editor de textos permitia visualizar los documentos hipertextuales y modificarlos creando enlaces y bloques de texto, interesados por la interacción entre esta plataforma y el usuario en 1994 se crea W3C entidad sin animo de lucro interesada por todo en cuanto afecte a la Web, articulándose en tres dominios: interfaces de usuarios, tecnología y sociedad, arquitectura e iniciativas de accesibilidad Web, la arquitectura informática de la www se basa en al interacción entre cliente y servidor. Mejorando constantemente la plataforma, llegando a la plataforma actual con conectividad interna y general que sigue en constante desarrollo generando cada vez una experiencia más inmersiva.
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posted by Petra at 10:13 | Permalink | 0 comments
*Informática*
“ El ordenador, es una heramienta que piensa, y deberiamos utilizarlo para generar “micromundos” como soporte de la enseñanza”

Según el método de Halaz en la historia del hipertexto en la informatica existieron, con orden cronológico:
- Primera generación:
En esta etapa los sistemas hipertetxtuales eran relativamente sencillos y se orientaban hacia el empleo de grandes volúmenes de información casi en su totalidad textual y basados en main frames.
-Hipertext Editing Sistem (HES)- Elaborado en 1967.
-File Retrieval and Editing System (FRESS)- Se realizó en 1968.
- ZOG- Este proyecto se puso en marcha en 1972.

- Segunda generación:
Gracias al desarrollo tecnológico, esta generación poseia sistemas más potentes, basados tanto en estaciones de trabajo, como en ordenadores personales.
-Knowledge Management System (KMS)- Fué elaborado a partir del sístema ZOG, por encargo de la Westinghouse en 1983.
-Intermedia- Desarrollado en la Brown University, en 1985, integraba numerosas aplicaciones entyre las cuales figuraba un procesador de texto y un editor gráfico.
-NoteCards- Realizado en 1985 en el a Xerox Park presentaba una original interfaz con ventajas que permitía visualizar textos e imágenes a través de un sitema basado en los enlaces.
-HiperTies- Proyecto de Ben SHneiderman para la Universidad de Maryland nació en 1983.
-Guide- Distribuido en 1986 por macintosh y en 1987 por IBM.
-SmartText- Creado por la firma Lotus en 1988.
-Tercera generación:
La tercera generación comienza con el Hypercard y llega a la actualidad. La introducción de las ayudas en línea.
-Hipercard-Probablemente el sístema más emblemático de esta generación por haber sido en hacerse un lugar en el mercado informático. Este sistema es el responsable de la verdadera difusión del hipertexto, sobre todo gracias a un acertado marketing comercial que hizo que se distribuyera gratuitamente, desde el año 1987 hasta 1997, junto con los productos Macitosch.
-Sepia (Structures elicitation and processing ideas for authoring)- Sistema pensado para el trabajo cooperativo y para el desarrollo y la puesta en común de las ideas. Sigue un modelo cognitivo que se compone de cuatro estaciones.
-Writing Environment (WE)- Creado por unos investigadores de la Universisty of North Carolina al Chapel Hill, es un sistema basado en un modelo cognitivo de lña comunicación.
-VIKI- Sistema realizado por Marshall, Shipman y coombs se define como un hipertexto espacial y proporciona un espacio visual para facilitar al usuario la lectura y al escritura.
Actualmente existen plataformas en la cuales el hipertexto se integra con los diferentes medios audiovisuales, optimizando la experiencia de navegación en internet, en donde se busca llegar a un tipo de holocubierta en la cual la experiencia sea tan directa que integre todos los sentidos y sea real, realidad virtual.

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*Espacio hiperbólico*
 
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